Estimados
lectores,
Siendo la primera publicación
emanada de este blog no tengo esperanzas de que sea uno de los mejores textos a
los que he podido contribuir, pero, aun así, espero que sea digno de vuestra
atención.
Estando el blog titulado como
"Diario de un Conspiranoico", uno puede llegar a pensar que se trata
de otro de esos lugares de información alternativa en la red. Sí, de esos
dedicados al "deep state", a revelar la verdad que los medios de
información al uso no quieren contarnos, y a desenmascarar todo lo que hay detrás
de la fachada de la sociedad...pero lo cierto es que su propósito no tiene nada
que ver con esos temas.
En este caso, este blog trata
sobre cómo desarrollar una visión y un pensamiento crítico, y de demostrar que,
sin esos dos elementos, hoy por hoy, te la van a "meter doblada". En
la conocida como era de la información, el problema real es la desinformación,
que por algún motivo se conoce mejor como las "fake news". Los
métodos para infiltrar información falsa en la red y medios son cada vez más
sutiles y mejor cocinados, lo que eventualmente causa una gran dificultad para
saber qué fuentes de información son fiables. Llegado ese punto, el problema
está en que nos resulta virtualmente imposible saber en qué fuentes confiar y
cómo saber qué información es cierta y cuál falsa. Esto puede llevar a cierto
estado de paranoia en la que el receptor de información nunca confía en la
información que recibe.
Per sé, la verdad es que no hay
por qué aceptar la información que nos llega a través de cualquier vía, simplemente
porque nos llegue de un medio que conocemos o es popular. Pero esto no hay que tratarlo desde el ángulo de
la desconfianza, sino del escepticismo. Uno de nuestros mayores errores, en
cambio, es no diferenciar entre ambos términos adecuadamente, lo que nos hace
vulnerables y victimas de información falsa, que está expresamente fabricada
para influenciar en aquellos que no confían en los medios. Pero... ¿cuál es la
diferencia?
El factor principal es la
componente emocional. La desconfianza es un instinto natural de muchísimos
organismos superiores terrestres. Como tal, tiene como objetivo que el
individuo esté alerta ante una posible situación de peligro o riesgo. Al
desconfiar de una situación, de otro organismo próximo, o de una fuente de
alimento o de agua dudosa, el individuo aumenta sus opciones de supervivencia.
Debido a ello, los individuos con una característica de desconfianza mayor han
sido biológicamente seleccionados, porque es una herramienta útil para la
supervivencia. Pero como todo lo que nos viene codificado como comportamiento
de especie en los genes, no es una acción racional, sino irracional, que se
manifiesta como un miedo a lo desconocido y como una estrategia de alerta.
El escepticismo, en cambio,
sigue un proceso mental enteramente diferente. Un escéptico no desconfía de la
información que recibe, sino que intenta implementar métodos para discriminar
si la información que le llega es real o está manipulada. El escepticismo es un
proceso racional que se ejerce conscientemente, y que tiene la capacidad de exigir
a la fuente acceso a un mayor nivel de información para poder verificar de forma
objetiva la veracidad de la información. De esta forma, la carga de la prueba
se pone en la fuente, la cual, si no la proporciona, puede considerarse
entonces de dudoso origen, inverificable y potencialmente falsa. La falta de
prueba no implica que la información sea falsa, pero sí que el que la produce y
distribuye no está necesariamente diciendo la verdad, o simplemente desconoce
la verdad. Si bien la carga de la prueba ha de estar por lo general en el que
produce la información, y es exigible, también está en manos del escéptico el
poder investigar si hay una forma de verificar la información por otros medios.
Hay muchas formas de hacerlo, y en este blog se discutirán algunas de ellas,
pero por poner un ejemplo, uno puede "triangular" información si ésta
viene de múltiples fuentes a las que se pueda atribuir una credibilidad y que
no estén relacionadas entre sí.
Por poner un ejemplo, si un
meteorito cae sobre la Casa Blanca y destruye todo el ala Este, la noticia
aparecerá sin duda en canales de televisión de Estados Unidos, pero también de
China, de Irán, aparecerá en los periódicos, etc...por lo que lo más probable
es que la información sea verídica. Sin embargo, si un medio en el Reino Unido
anuncia que Madonna ha muerto, pero la información no aparece en medios de
Estados Unidos, de China, de Australia o Francia, y medios oficiales no lo
reflejan, lo normal es que la información sea falsa.
Los escépticos, por tanto,
tienen medios y formas al alcance de poder verificar la veracidad de la
información que reciben. No aceptan algo como verdadero sin apoyo de más
información y/o de pruebas. La diferencia con los desconfiados es que éstos
últimos, no ven la necesidad de hacer dicho ejercicio para descartar o no
cierta información, sino que simplemente la rechazan directamente porque no
confían en las fuentes, y a menudo no hay motivos racionales detrás de ello.
Como dije, es la desinformación lo que nos puede llevar a este estado, y lo cual
nos expone a riesgos.
El mayor riesgo de ignorar un
pensamiento racional crítico (escepticismo) en favor de una respuesta emocional
instintiva (la desconfianza), es que a los que son víctimas de lo segundo se
les puede manipular con fines específicos. Al ser una respuesta emocional,
simplemente hay que encauzarla en una dirección determinada de una forma
plausible (o creíble por las víctimas), mientras que eso es muchísimo más
complicado de lograr con aquellos individuos que han cultivado un control racional
sobre la información, y por tanto, están preparados para abordar las posibles
manipulaciones.
El por qué la desconfianza nos
hace vulnerables a la manipulación es un tema muy complejo, pero al mismo
tiempo es fácil ponerlo en un contexto entendible. Mientras que la desconfianza
es una respuesta instintiva codificada en nuestro ADN, la necesidad de estar
informados es también una necesidad importante de todo ser humano. La
información compartida es lo que nos da un sentido de grupo o sociedad. Ni los
Estados ni las religiones existirían sin formas de compartir información en los
grupos de individuos que pertenecen a los mismos. Esto es extremadamente
importante porque son los flujos de información entre los miembros de una
comunidad dada lo que determina quién llega al poder, qué reglas son aceptadas,
cuáles no, quienes son las personas en las que se puede confiar, en las que no.
La información nos da una seguridad y nos hace sentir que estamos "al
control" de la situación. Sabemos lo que pasa, sabemos cómo podemos
reaccionar o qué esperar. Al conocer el entorno y sus variables, la
incertidumbre se reduce, el futuro inmediato se vuelve más predecible, y por
tanto, nuestros niveles de estrés bajan. Pero cuando estamos desconectados o
aislados, sin acceso o con poca información, esto genera, en la mayoría de los
individuos, ciertos niveles de estrés biológico.
Todo esto implica que, cuando
desconfiamos de las fuentes de información, nos estamos autoaislando del
conjunto de la información, lo cual crea ciertos niveles de malestar.
Eventualmente, la forma de reparar ese malestar es buscar fuentes alternativas
de información. Este paso es relevante: cuando cultivamos desconfianza en los
medios oficiales, casi instintivamente todo el mundo busca otros medios por los
que informarse y descubrir qué pasa. Mientras que el escéptico puede hacer lo
mismo, con el fin de triangular la información, el desconfiado lo hace para
reemplazar las fuentes originales por otras.
Pero... ¿qué pasa si esas
fuentes alternativas no son fiables, o peor aún, tienen sus propias agendas? En
el caso del escéptico, esto no es un problema serio: encontrará que fuentes
distintas a las oficiales dan versiones distintas o son contradictorias. Esto
sólo puede llevarle a buscar aún más fuentes o a reclamar la carga de la prueba
a las fuentes oficiales para descubrir el aspecto de verdad en todo. En el caso
del desconfiado, en cambio, el problema con niveles de información discrepantes
es que solo alimentará aún más la desconfianza en los medios de información,
con lo cual irá rebotando de medio a medio hasta dar con aquel o aquellos con
los que encuentre una afinidad. Y es aquí donde nos pueden atrapar como moscas
en un papel adhesivo.
Para que un medio de
información alternativo con su propia agenda se haga de un grupo de seguidores,
tan sólo ha de ofrecer información de una manera que resulte atractivo para un
perfil de individuo. Hay muchas maneras de hacer esto, y más entradas en este
blog explicarán algunas de las más comunes, pero se puede resumir que esto se
logra poniendo el azúcar en la píldora de información que quieren que nos
traguemos.
Pero pongamos un ejemplo para
visualizarlo. Imaginemos el caso de las vacunas del COVID. Los medios oficiales
de muchos países anuncian la aparición de varias vacunas que pueden ayudar a
atacar la enfermedad. Todos los laboratorios implicados, cada uno en su
versión, prometen altos niveles de eficacia. Los gobiernos, como necesitan de
buenas noticias y, de alguna forma, mostrar que están haciendo algo para
resolver el problema, apoyan dichas vacunas y se inicia una campaña de
información para favorecer que la ciudadanía se vacune. A todo esto, en medio
de la vorágine, hay voces que indican que esas vacunas se han desarrollado
demasiado rápidamente y que a lo mejor no están suficientemente probadas como
para confirmar su eficacia, o incluso para asegurarse de que no sean perjudiciales.
Ante un escenario de este tipo,
una persona que desconfía de los medios oficiales de información
automáticamente se alineará con aquellos que de alguna forma discrepan de dicha
información, o la cuestionan. Pero por extensión automáticamente también
desconfiará en los gobiernos que apoyan la vacuna, y los cuales seguramente
solo la apoyan siguiendo su propia agenda. Así mismo, rechazar la información
oficial no quiere decir que el individuo no quiera saber qué pasa con la vacuna
realmente. Busca entonces otros medios, o sigue lo que sucede en las redes
sociales. Casualmente, varios de sus contactos en Facebook que siguen
también el tema tampoco se creen la información oficial. Uno de ellos incluso
pone un link a un medio de comunicación alternativo, e incluso añade que no se
puede confiar en la prensa, que están controlados por el gobierno. Uno casi
puede imaginarse a nuestro individuo "el desconfiado" asintiendo silenciosamente
mientras lee ese comentario en su cuenta de Facebook. Claro, es cierto que uno
no puede confiar en los medios oficiales, y esto de la vacuna huele mal. Y
claramente los políticos solo piensan en si mismos, por lo que se han aliado
para vendernos la moto de la vacuna. Lo que dice este tipo es, por tanto,
cierto, y hay que informarse de otros modos.
Nuestro individuo hipotético
decide hacer click en el link del post en Facebook, lo que le lleva a una
página con un domino en la URL que no suena mal...algo como
"newsoftoday.com". La página incluso no tiene mala pinta, con los colores, tipo de letra y formatos habituales en la prensa. Y el link,
de hecho, abre una noticia que habla sobre el COVID, la vacuna y de cómo los
gobiernos nos están mintiendo, y la vacuna es de hecho sólo una forma de que
las farmacéuticas hagan dinero, que no sería la primera vez. O dice que, de
hecho, el COVID y la vacuna son sólo estrategias de los políticos para
controlarnos. El artículo incluso menciona el estudio de un tal Dr. Smith, que
trabaja en el COVID en la Universidad de New Columbus, en USA. La página
incluso contiene imágenes o vídeos mostrando cómo los políticos que salen en
vídeos poniéndose la vacuna, de hecho, no se la ponen. Todo suena muy creíble,
y lo que es más, es lo que nuestro amigo desconfiado de los medios
oficiales de información esperaba: que su desconfianza en los medios de
información está justificada, él o ella está en lo correcto, y no sólo
eso, sino que hay más gente que piensa como nuestro individuo. Se siente parte
de un grupo, sus pensamientos reafirmados, y lo que es más importante: se acaba
de volver fan del sitio "newsoftoday.com", que por cierto, hace
dinero con la publicidad que aparece en su sitio, cada vez que alguien hace una
visita y/o hace click en los anuncios del sitio. O cuando alguien ve sus videos en su canal de YouTube, al que nuestro individuo desconfiado virtual, se acaba de apuntar también.
Nuestro otro individuo, el
escéptico, en cambio, pasa por un proceso distinto. Recibe la misma información
oficial que el desconfiado, pero no se precipita a sacar conclusiones. Cree que
hay argumentos para dudar sobre las vacunas del COVID, pero en vez de
desconfiar del gobierno y los medios, exige pruebas. Es más, es muy posible que
aquellos que siembran dudas sobre si la vacuna tiene efectos secundarios,
funciona o no, tienen suficientes motivos para exigir más información y
medios de verificarlo. Decide, por tanto, sumarse a ese tren de los que quieren más
pruebas y detalles antes de decidir si la vacuna es algo real, la estrategia del
gobierno tiene sentido o no, o ver si esto es simplemente una forma de apoyar
económicamente a ciertos laboratorios. Para ello, comienza a buscar más
información. Analiza la que tiene...encuentra que varios periódicos enlazan con
la publicación científica donde los resultados de los experimentos fueron
publicados. Hace click en el link, lo que le lleva a la publicación del laboratorio
en The Lancet, una revista científica del campo de la medicina con reputación
internacional, y en la que muchos premios Nobel de medicina han publicado
anteriormente. La referencia de los médicos de todo el mundo. Allí ve que
efectivamente, el artículo publicado existe. Le echa un ojo, pero como nuestro
amigo el escéptico no es médico, ni trabaja en investigación, no entiende un
pijo. Sin embargo, en vez de pensar que porque no lo entiende, es que es falso,
contacta a un amigo suyo que tiene un colega que es médico y le pregunta sobre
el artículo. A su colega le parece buena idea, e incluso le dice que le pone en
contacto en Facebook. El escéptico entonces le invita a su red de contactos y
le pregunta sobre el artículo. El médico, todo un profesional, se lo ha leído
anteriormente, y le dice que, efectivamente, de acuerdo a la publicación, la
vacuna es a priori segura y efectiva.
La diferencia entre las dos
historias es que el individuo desconfiado ha sido manipulado y ha acabado
creyendo en una conspiración inexistente, simplemente porque los medios
alternativos de información a los que ha recurrido han explotado su
vulnerabilidad, y han posicionado la información de una forma que resulta
atractiva para quienes ya van con una predisposición emocional respecto a la
información en cuestión. Al reafirmarles y eso darles seguridad en su propio
criterio, los desconfiados son carne de cañón para medios alternativos sin
principios ni moral, y que sólo quieren tener visitas en sus páginas para
cobrar dinero de sus patrocinadores. O alterar la opinión pública sobre un tema político/social. O atender a las necesidades ególatras de alguien aburrido en su casa.
Por el otro lado, nuestro amigo
el escéptico no sólo ha encontrado una respuesta plausible a sus
preguntas, sino que ha añadido una fuente de información profesional a su red
(ahora tiene un amigo médico al que preguntar cuando tiene dudas sobre la
información) , ha descubierto que hay que tomarse los resultados del estudio
del laboratorio con cierta cantidad de sal, y lo que es más importante... ha
encontrado información objetiva dentro del problema, lo que le permite estar
informado sin ser manipulado.
Llegados a este punto, es
importante pararse un momento. Como hemos visto, la desconfianza en las fuentes
de información, si se vuelve sistemática, se convierte en paranoia, puesto que
nos impide aceptar que haya fuentes oficiales y/o creíbles, y por tanto
"todo está manipulado". Por otro lado, el autocensurarnos el acceso a
la información nos puede llevar a buscar fuentes alternativas que utilizan
conspiraciones más o menos evidentes para justificar la invalidez de la
información oficial. Si esas conspiraciones encajan bien con nuestras
percepciones personales, podemos llegar a aceptarlas o incluso darles
credibilidad.
Combinando ambas cosas, la
desconfianza hacia la información nos conduce a ser paranoicos y aceptar
conspiraciones más fácilmente... ergo nos lleva a la conspiranoia.
Si bien el término se usa a
menudo de forma peyorativa, a mi ver tiene entidad, puesto que describe con
bastante precisión el proceso y circunstancias que nos llevan a ser víctima de
información falsa, o simplemente de medios de desinformación, que ya sea con fines
políticos o económicos, nos pueden alinear en posiciones de las cuales es muy
difícil salir. Al fin y al cabo, es casi imposible razonar con quien tiene una
posición emocional respecto a un tema, puesto que emoción y razón, si bien conviven en todos
nosotros, no funcionan de la misma forma.
Hay también que entender que
nadie está libre de ser manipulado. Pero al cultivar una mente critica, un
pensamiento racional y una posición escéptica, podemos protegernos mucho más
eficientemente de las manipulaciones informativas, y evitar que la desconfianza irracional nos haga
partícipes de agendas con intereses en los que nosotros mismos no somos
precisamente el fin, sino solo un medio.
No en vano, no olvidemos que recientemente ha habido quien perpetró un asalto al Capitolio del gobierno de Estados Unidos, basándose en la ilegalidad de los resultados de las elecciones de noviembre 2020. Simplemente porque Mr. Trump decidió que era así. Sin pruebas. No es Trump quien ira a prisión por ello, sino todos aquellos que se creyeron esa teoría conspirativa, fueron al Capitolio y ahora han sido arrestados. Todos esos, para Mr. Trump, no son más que peones en la lucha de poder, totalmente sacrificables, y fácilmente manipulables con unos cuantos tweets.