lunes, 18 de enero de 2021

Conspiranoia: ¿la palabra del año en 2020?

 Estimados lectores,

Siendo la primera publicación emanada de este blog no tengo esperanzas de que sea uno de los mejores textos a los que he podido contribuir, pero, aun así, espero que sea digno de vuestra atención.

Estando el blog titulado como "Diario de un Conspiranoico", uno puede llegar a pensar que se trata de otro de esos lugares de información alternativa en la red. Sí, de esos dedicados al "deep state", a revelar la verdad que los medios de información al uso no quieren contarnos, y a desenmascarar todo lo que hay detrás de la fachada de la sociedad...pero lo cierto es que su propósito no tiene nada que ver con esos temas. 

En este caso, este blog trata sobre cómo desarrollar una visión y un pensamiento crítico, y de demostrar que, sin esos dos elementos, hoy por hoy, te la van a "meter doblada". En la conocida como era de la información, el problema real es la desinformación, que por algún motivo se conoce mejor como las "fake news". Los métodos para infiltrar información falsa en la red y medios son cada vez más sutiles y mejor cocinados, lo que eventualmente causa una gran dificultad para saber qué fuentes de información son fiables. Llegado ese punto, el problema está en que nos resulta virtualmente imposible saber en qué fuentes confiar y cómo saber qué información es cierta y cuál falsa. Esto puede llevar a cierto estado de paranoia en la que el receptor de información nunca confía en la información que recibe.

Per sé, la verdad es que no hay por qué aceptar la información que nos llega a través de cualquier vía, simplemente porque nos llegue de un medio que conocemos o es popular. Pero esto no hay que tratarlo desde el ángulo de la desconfianza, sino del escepticismo. Uno de nuestros mayores errores, en cambio, es no diferenciar entre ambos términos adecuadamente, lo que nos hace vulnerables y victimas de información falsa, que está expresamente fabricada para influenciar en aquellos que no confían en los medios. Pero... ¿cuál es la diferencia?

El factor principal es la componente emocional. La desconfianza es un instinto natural de muchísimos organismos superiores terrestres. Como tal, tiene como objetivo que el individuo esté alerta ante una posible situación de peligro o riesgo. Al desconfiar de una situación, de otro organismo próximo, o de una fuente de alimento o de agua dudosa, el individuo aumenta sus opciones de supervivencia. Debido a ello, los individuos con una característica de desconfianza mayor han sido biológicamente seleccionados, porque es una herramienta útil para la supervivencia. Pero como todo lo que nos viene codificado como comportamiento de especie en los genes, no es una acción racional, sino irracional, que se manifiesta como un miedo a lo desconocido y como una estrategia de alerta.

El escepticismo, en cambio, sigue un proceso mental enteramente diferente. Un escéptico no desconfía de la información que recibe, sino que intenta implementar métodos para discriminar si la información que le llega es real o está manipulada. El escepticismo es un proceso racional que se ejerce conscientemente, y que tiene la capacidad de exigir a la fuente acceso a un mayor nivel de información para poder verificar de forma objetiva la veracidad de la información. De esta forma, la carga de la prueba se pone en la fuente, la cual, si no la proporciona, puede considerarse entonces de dudoso origen, inverificable y potencialmente falsa. La falta de prueba no implica que la información sea falsa, pero sí que el que la produce y distribuye no está necesariamente diciendo la verdad, o simplemente desconoce la verdad. Si bien la carga de la prueba ha de estar por lo general en el que produce la información, y es exigible, también está en manos del escéptico el poder investigar si hay una forma de verificar la información por otros medios. Hay muchas formas de hacerlo, y en este blog se discutirán algunas de ellas, pero por poner un ejemplo, uno puede "triangular" información si ésta viene de múltiples fuentes a las que se pueda atribuir una credibilidad y que no estén relacionadas entre sí.

Por poner un ejemplo, si un meteorito cae sobre la Casa Blanca y destruye todo el ala Este, la noticia aparecerá sin duda en canales de televisión de Estados Unidos, pero también de China, de Irán, aparecerá en los periódicos, etc...por lo que lo más probable es que la información sea verídica. Sin embargo, si un medio en el Reino Unido anuncia que Madonna ha muerto, pero la información no aparece en medios de Estados Unidos, de China, de Australia o Francia, y medios oficiales no lo reflejan, lo normal es que la información sea falsa.

Los escépticos, por tanto, tienen medios y formas al alcance de poder verificar la veracidad de la información que reciben. No aceptan algo como verdadero sin apoyo de más información y/o de pruebas. La diferencia con los desconfiados es que éstos últimos, no ven la necesidad de hacer dicho ejercicio para descartar o no cierta información, sino que simplemente la rechazan directamente porque no confían en las fuentes, y a menudo no hay motivos racionales detrás de ello. Como dije, es la desinformación lo que nos puede llevar a este estado, y lo cual nos expone a riesgos.

El mayor riesgo de ignorar un pensamiento racional crítico (escepticismo) en favor de una respuesta emocional instintiva (la desconfianza), es que a los que son víctimas de lo segundo se les puede manipular con fines específicos. Al ser una respuesta emocional, simplemente hay que encauzarla en una dirección determinada de una forma plausible (o creíble por las víctimas), mientras que eso es muchísimo más complicado de lograr con aquellos individuos que han cultivado un control racional sobre la información, y por tanto, están preparados para abordar las posibles manipulaciones.

El por qué la desconfianza nos hace vulnerables a la manipulación es un tema muy complejo, pero al mismo tiempo es fácil ponerlo en un contexto entendible. Mientras que la desconfianza es una respuesta instintiva codificada en nuestro ADN, la necesidad de estar informados es también una necesidad importante de todo ser humano. La información compartida es lo que nos da un sentido de grupo o sociedad. Ni los Estados ni las religiones existirían sin formas de compartir información en los grupos de individuos que pertenecen a los mismos. Esto es extremadamente importante porque son los flujos de información entre los miembros de una comunidad dada lo que determina quién llega al poder, qué reglas son aceptadas, cuáles no, quienes son las personas en las que se puede confiar, en las que no. La información nos da una seguridad y nos hace sentir que estamos "al control" de la situación. Sabemos lo que pasa, sabemos cómo podemos reaccionar o qué esperar. Al conocer el entorno y sus variables, la incertidumbre se reduce, el futuro inmediato se vuelve más predecible, y por tanto, nuestros niveles de estrés bajan. Pero cuando estamos desconectados o aislados, sin acceso o con poca información, esto genera, en la mayoría de los individuos, ciertos niveles de estrés biológico.

Todo esto implica que, cuando desconfiamos de las fuentes de información, nos estamos autoaislando del conjunto de la información, lo cual crea ciertos niveles de malestar. Eventualmente, la forma de reparar ese malestar es buscar fuentes alternativas de información. Este paso es relevante: cuando cultivamos desconfianza en los medios oficiales, casi instintivamente todo el mundo busca otros medios por los que informarse y descubrir qué pasa. Mientras que el escéptico puede hacer lo mismo, con el fin de triangular la información, el desconfiado lo hace para reemplazar las fuentes originales por otras. 

Pero... ¿qué pasa si esas fuentes alternativas no son fiables, o peor aún, tienen sus propias agendas? En el caso del escéptico, esto no es un problema serio: encontrará que fuentes distintas a las oficiales dan versiones distintas o son contradictorias. Esto sólo puede llevarle a buscar aún más fuentes o a reclamar la carga de la prueba a las fuentes oficiales para descubrir el aspecto de verdad en todo. En el caso del desconfiado, en cambio, el problema con niveles de información discrepantes es que solo alimentará aún más la desconfianza en los medios de información, con lo cual irá rebotando de medio a medio hasta dar con aquel o aquellos con los que encuentre una afinidad. Y es aquí donde nos pueden atrapar como moscas en un papel adhesivo.

Para que un medio de información alternativo con su propia agenda se haga de un grupo de seguidores, tan sólo ha de ofrecer información de una manera que resulte atractivo para un perfil de individuo. Hay muchas maneras de hacer esto, y más entradas en este blog explicarán algunas de las más comunes, pero se puede resumir que esto se logra poniendo el azúcar en la píldora de información que quieren que nos traguemos. 

Pero pongamos un ejemplo para visualizarlo. Imaginemos el caso de las vacunas del COVID. Los medios oficiales de muchos países anuncian la aparición de varias vacunas que pueden ayudar a atacar la enfermedad. Todos los laboratorios implicados, cada uno en su versión, prometen altos niveles de eficacia. Los gobiernos, como necesitan de buenas noticias y, de alguna forma, mostrar que están haciendo algo para resolver el problema, apoyan dichas vacunas y se inicia una campaña de información para favorecer que la ciudadanía se vacune. A todo esto, en medio de la vorágine, hay voces que indican que esas vacunas se han desarrollado demasiado rápidamente y que a lo mejor no están suficientemente probadas como para confirmar su eficacia, o incluso para asegurarse de que no sean perjudiciales.

Ante un escenario de este tipo, una persona que desconfía de los medios oficiales de información automáticamente se alineará con aquellos que de alguna forma discrepan de dicha información, o la cuestionan. Pero por extensión automáticamente también desconfiará en los gobiernos que apoyan la vacuna, y los cuales seguramente solo la apoyan siguiendo su propia agenda. Así mismo, rechazar la información oficial no quiere decir que el individuo no quiera saber qué pasa con la vacuna realmente. Busca entonces otros medios, o sigue lo que sucede en las redes sociales. Casualmente, varios de sus contactos en Facebook que siguen también el tema tampoco se creen la información oficial. Uno de ellos incluso pone un link a un medio de comunicación alternativo, e incluso añade que no se puede confiar en la prensa, que están controlados por el gobierno. Uno casi puede imaginarse a nuestro individuo "el desconfiado" asintiendo silenciosamente mientras lee ese comentario en su cuenta de Facebook. Claro, es cierto que uno no puede confiar en los medios oficiales, y esto de la vacuna huele mal. Y claramente los políticos solo piensan en si mismos, por lo que se han aliado para vendernos la moto de la vacuna. Lo que dice este tipo es, por tanto, cierto, y hay que informarse de otros modos. 

Nuestro individuo hipotético decide hacer click en el link del post en Facebook, lo que le lleva a una página con un domino en la URL que no suena mal...algo como "newsoftoday.com". La página incluso no tiene mala pinta, con los colores, tipo de letra y formatos habituales en la prensa. Y el link, de hecho, abre una noticia que habla sobre el COVID, la vacuna y de cómo los gobiernos nos están mintiendo, y la vacuna es de hecho sólo una forma de que las farmacéuticas hagan dinero, que no sería la primera vez. O dice que, de hecho, el COVID y la vacuna son sólo estrategias de los políticos para controlarnos. El artículo incluso menciona el estudio de un tal Dr. Smith, que trabaja en el COVID en la Universidad de New Columbus, en USA. La página incluso contiene imágenes o vídeos mostrando cómo los políticos que salen en vídeos poniéndose la vacuna, de hecho, no se la ponen. Todo suena muy creíble, y lo que es más, es lo que nuestro amigo desconfiado de los medios oficiales de información esperaba: que su desconfianza en los medios de información está justificada, él o ella está en lo correcto, y  no sólo eso, sino que hay más gente que piensa como nuestro individuo. Se siente parte de un grupo, sus pensamientos reafirmados, y lo que es más importante: se acaba de volver fan del sitio "newsoftoday.com", que por cierto, hace dinero con la publicidad que aparece en su sitio, cada vez que alguien hace una visita y/o hace click en los anuncios del sitio. O cuando alguien ve sus videos en su canal de YouTube, al que nuestro individuo desconfiado virtual, se acaba de apuntar también.

Nuestro otro individuo, el escéptico, en cambio, pasa por un proceso distinto. Recibe la misma información oficial que el desconfiado, pero no se precipita a sacar conclusiones. Cree que hay argumentos para dudar sobre las vacunas del COVID, pero en vez de desconfiar del gobierno y los medios, exige pruebas. Es más, es muy posible que aquellos que siembran dudas sobre si la vacuna tiene efectos secundarios, funciona o no, tienen suficientes motivos para exigir más información y medios de verificarlo. Decide, por tanto, sumarse a ese tren de los que quieren más pruebas y detalles antes de decidir si la vacuna es algo real, la estrategia del gobierno tiene sentido o no, o ver si esto es simplemente una forma de apoyar económicamente a ciertos laboratorios. Para ello, comienza a buscar más información. Analiza la que tiene...encuentra que varios periódicos enlazan con la publicación científica donde los resultados de los experimentos fueron publicados. Hace click en el link, lo que le lleva a la publicación del laboratorio en The Lancet, una revista científica del campo de la medicina con reputación internacional, y en la que muchos premios Nobel de medicina han publicado anteriormente. La referencia de los médicos de todo el mundo. Allí ve que efectivamente, el artículo publicado existe. Le echa un ojo, pero como nuestro amigo el escéptico no es médico, ni trabaja en investigación, no entiende un pijo. Sin embargo, en vez de pensar que porque no lo entiende, es que es falso, contacta a un amigo suyo que tiene un colega que es médico y le pregunta sobre el artículo. A su colega le parece buena idea, e incluso le dice que le pone en contacto en Facebook. El escéptico entonces le invita a su red de contactos y le pregunta sobre el artículo. El médico, todo un profesional, se lo ha leído anteriormente, y le dice que, efectivamente, de acuerdo a la publicación, la vacuna es a priori segura y efectiva.

La diferencia entre las dos historias es que el individuo desconfiado ha sido manipulado y ha acabado creyendo en una conspiración inexistente, simplemente porque los medios alternativos de información a los que ha recurrido han explotado su vulnerabilidad, y han posicionado la información de una forma que resulta atractiva para quienes ya van con una predisposición emocional respecto a la información en cuestión. Al reafirmarles y eso darles seguridad en su propio criterio, los desconfiados son carne de cañón para medios alternativos sin principios ni moral, y que sólo quieren tener visitas en sus páginas para cobrar dinero de sus patrocinadores. O alterar la opinión pública sobre un tema político/social. O atender a las necesidades ególatras de alguien aburrido en su casa.

Por el otro lado, nuestro amigo el escéptico  no sólo ha encontrado una respuesta plausible a sus preguntas, sino que ha añadido una fuente de información profesional a su red (ahora tiene un amigo médico al que preguntar cuando tiene dudas sobre la información) , ha descubierto que hay que tomarse los resultados del estudio del laboratorio con cierta cantidad de sal, y lo que es más importante... ha encontrado información objetiva dentro del problema, lo que le permite estar informado sin ser manipulado.

Llegados a este punto, es importante pararse un momento. Como hemos visto, la desconfianza en las fuentes de información, si se vuelve sistemática, se convierte en paranoia, puesto que nos impide aceptar que haya fuentes oficiales y/o creíbles, y por tanto "todo está manipulado". Por otro lado, el autocensurarnos el acceso a la información nos puede llevar a buscar fuentes alternativas que utilizan conspiraciones más o menos evidentes para justificar la invalidez de la información oficial. Si esas conspiraciones encajan bien con nuestras percepciones personales, podemos llegar a aceptarlas o incluso darles credibilidad.

Combinando ambas cosas, la desconfianza hacia la información nos conduce a ser paranoicos y aceptar conspiraciones más fácilmente... ergo nos lleva a la conspiranoia.

Si bien el término se usa a menudo de forma peyorativa, a mi ver tiene entidad, puesto que describe con bastante precisión el proceso y circunstancias que nos llevan a ser víctima de información falsa, o simplemente de medios de desinformación, que ya sea con fines políticos o económicos, nos pueden alinear en posiciones de las cuales es muy difícil salir. Al fin y al cabo, es casi imposible razonar con quien tiene una posición emocional respecto a un tema, puesto que emoción y razón, si bien conviven en todos nosotros, no funcionan de la misma forma.

Hay también que entender que nadie está libre de ser manipulado. Pero al cultivar una mente critica, un pensamiento racional y una posición escéptica, podemos protegernos mucho más eficientemente de las manipulaciones informativas, y evitar que la desconfianza irracional nos haga partícipes de agendas con intereses en los que nosotros mismos no somos precisamente el fin, sino solo un medio.

No en vano, no olvidemos que recientemente ha habido quien perpetró un asalto al Capitolio del gobierno de Estados Unidos, basándose en la ilegalidad de los resultados de las elecciones de noviembre 2020. Simplemente porque Mr. Trump decidió que era así. Sin pruebas. No es Trump quien ira a prisión por ello, sino todos aquellos que se creyeron esa teoría conspirativa, fueron al Capitolio y ahora han sido arrestados. Todos esos, para Mr. Trump, no son más que peones en la lucha de poder, totalmente sacrificables, y fácilmente manipulables con unos cuantos tweets.

Conspiranoia: ¿la palabra del año en 2020?

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